junio 06, 2008

Xenofobia in the city

Sex in the city. Como para millones de personas en el planeta, más que una película, fue reencontrarse con viejos conocidos. Las relaciones con personajes ficticios (literarios, televisivos) nos gustan porque no existe la posibilidad de que nos traicionen, me dijo la psicóloga a los quince años.

Efectivamente. Debo confesar que en la víspera de depresiones importantes, Carrie y sus amigas (¿o debo decir los guionistas?) resultaban un antídoto barato para entender que en la vida lo más importante es estar siempre contento, rodearse de gente que se alegra de verte y que te alegra a su vez, darse a sí mismo buenos momentos.

Sabía que algo de esa repetida consigna volvería a escuchar, por eso fui al cine.

Lo malo es que los millones de personas que fueron por eso y otras razones, también van a recibir la referencia a México como un país digno de desconfianza, que materializa la reprimida Charlotte. La anécdota no se limita a las fobias del personaje, sino que el guionista la realiza completamente: termina dándole diarrea por beber un poco del agua de la regadera.

¡Jum! ¿Me duele porque sé que hay algo de verdad? ¿o por chauvinismo, porque no es lo mismo que nosotros nos ríamos de lo insalubre de nuestros puestos de tacos que se disputan la calle con los microbuses más contaminantes, a que lo hagan los otros? ¡y menos los gringos!

¿Acaso no nos burlamos nosotros de ellos cada vez que podemos? Pero, ahora que lo pienso, ¿en alguna película decimos algo como esto?
- ¿Te vas a comer eso?...
- Sí... ¿por?
- ¡Estás en Estados Unidos!
- ¿Y?
- ¡Pues imagínate la cantidad de aditivos cancerígenos, grasas modificadas y saborizantes artificiales que tiene ese helado y que tu cuerpo nunca va a poder sintetizar...!

No, aunque habemos quienes lo pensamos.

En todo caso, la referencia de México como país cochino está por demás. Las viejas están instaladas en un hotel de chocomil estrellas (me imagino que en los Cabos) de esos que muchos mexicanos no conocen más que para entrar a limpiar los cuartos. Tampoco es que se estén tomando un licuado de mamey paradas en una esquina de la colonia Roma. El chiste ni cuaja, está metido a fuerzas.

¿O... simplemente me duele por lo que ya sé? Porque nadie se va a quejar. Porque nosotros somos los primeros que nos vamos a reír de la referencia cargada de desprecio. Porque a México todos lo toman de guasa porque nosotros mismos se los hemos enseñado. Imposible no leer este pasajillo desde la perspectiva de la xenofobia en aumento que domina el planeta.


Nota: la fotografía pertenece a HBO / Metropolitan Filmexport

Llorar o hacer la tesis...

Ya acabé mi tesis de maestría en Semiótica y Comunicación, lo cual todavía no me hace un maestro en nada pero sí demuestra el interés que tiene el asunto de la interpretadera de imágenes para mí. Releí mis conclusiones y me gustan: son modestas, bien medidas y creo que por eso, fiables. En pocas palabras digo que mi trabajo es sólo una entrada al tema de la interpretación sensible de las imágenes, pero que aún así es innovadora. Hasta Barthes le dio la vuelta yéndose por otro lado.

Hacía varios días que ya había acabado, pero no estaba satisfecho. Llamé a mi mamá, le di instucciones de una precisión apabullante (de esas cosas excéntricas que me hacen tener fama de energúmeno del orden): en el cajón tal del mueble tal, hay una carpeta negra, luego una roja, luego una blanca, y en la de abajo, al final del trabajo escrito a máquina hay varios anuncios de revista. Por favor saca el que dice "hay dos cosas que una mujer no puede evitar: llorar y comprar zapatos...", y que mis hermanos me lo escaneen, urgente porfis.

Varias noches roí el anuncio. Traté de entrarle por el color, por el ritmo, por el contraste, por la sensaciones que despierta, por los lugares comunes. No daba con la esencia. ¡Era como que mis ochenta páginas no dijeran nada, los conceptos, todos los libros que tuve que leer pa' nada servían! Mi análisis lo podía hacer caulquier niño de primaria (lo cual es cierto, pero justamente yo tenía que recobrar esa capacidad sensible que estoy denunciando)...

Finalmente, una carta del mexicanísimo juego de la Lotería me ayudó. ¡La sirena!

¡Lotería: si el anuncio de Palacio de Hierro no resulta asfixiante para el lector (todo lo contrario), es porque el personaje está dotado de varias personalidades, entre otras la de la diva cantante... Y... ¿qué es una Sirena, sino una cantante que desde el fondo marino canta para atraer sus víctimas masculinas...? ¡Por efecto de un arquetipo el cuerpo neutraliza cualquier reacción de rechazo o angustia!

Mi síntesis en francés fue más bonita, aquí se las dejo para los que quieran leerla.


La caractérisation du personnage (femme-diva-sirène-victime-princesse)
tel que le montre notre synthèse sensible, intéresse l’émetteur dans le sens d’investir le nom du magazine de toutes ces connotations.

Le moment de l’expérience promis se centre ainsi sur une promesse d’identification pleine entre la femme, avec ses qualités mondaines et mythologiques mais avec son côté ombreux-tragique aussi, et le magasin El Palacio de Hierro, centre où ce type de femme se donne rendez-vous sans crainte : tant pour pleurer que pour acheter des chaussures.



Nota: el famoso anuncio obviamente es de Ana María Olabuenaga, una verdadera maga que hace confluir muchísimos elementos con una gran economía visual.


junio 01, 2008

No, la vida no es esto

Hablo por teléfono con mi mamá. La mitad de la llamada se nos va en argüir cómo hacer para que los desgraciados del banco (BBVA) nos den la información completa del historial de mi fallida tarjeta de crédito y que dejen de enviar a mi papá de la ventanilla al teléfono y del teléfono a la ventanilla con licenciaduchos de dudosa procedencia, de esos que hay en México para todo, y no seguir pagando a ciegas sólo por evitar sus llamadas cansinas...

Y si en México los bancos están llenos de licenciaduchos, en Francia los bancos son cosa que inspira más bien ternura a causa de tanta inoperancia y atraso (prometo un día darme vuelo relatando mis terribles capítulos con los bancos que ya los quisieran en el Lágrimas y risas). Por ahora sólo relato que me espera sobre la mesita un estado de cuenta con movimientos que tengo que pedir que me aclaren.

También tengo que ir a la tesorería a que me expliquen la requisición de impuestos que no entiendo.

Por mail, mi papá me pide que le aclare cuentas de cuando vinieron a Europa porque él no tomó nota de nada.

El casero me recuerda que tengo que apuntarle en un papelito lo que marque el registro del agua.

Tengo que organizar mi partida. Pagar aquí y allá. Vender esto y aquello.

Fijarme bien para cancelar el servicio de internet y televisión, y que los desgraciados no me cobren de más, encima de que padecí un año y medio su tecnología estupidísima.

Pero no, no me van a convencer. ¡La vida no es esto! me digo, y agarro mis patines y me voy a patinar todo lo largo del río que bordea la ciudad de Besancon. La vida no es esto, no es esto...


Gracias por leerme, pero ya que andas en eso, escríbeme tu comentario...

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