agosto 12, 2008

Aguas con el sinsentido


El sinsentido me atrapó por varios días. Lo llamamos depresión por una cuestión instrumental, para poder nombrarlo, sin embargo me parece que el sinsentido es algo más que un estado depresivo porque cuando nos atrapa simplemente perdemos todos los referentes: como nuestro estado ni siquiera nos provoca tristeza o dolor, no hay algo que nos permita ver que no estamos viviendo normalmente.

Vivir normalmente. Cuando digo esto pienso en esas aspiraciones necesarias que todos tenemos, o nos creamos, para darle una orientación a nuestros quehaceres, algo por lo que nos levantamos, algo por lo que esperamos tal día, el siguiente mes, el fin de año; paliativos que animan y encausan nuestros pensamientos y nuestras acciones, y sin los cuales, sencillamente, no podemos seguir.

Cuando digo vivir normalmente también pienso en un servirse benéficamente de la memoria. Una carga de recuerdos estimulantes que nos inspiran en el presente, no que nos frenan o nos lastiman con esa sensación de que todo lo que hemos hecho ha estado mal, de que en todo nos equivocamos. No es una cuestión lógica, repito, es una sensación, como una punzada constante.

Nos dormirmos tratando de pensar cuándo fue la última vez que nos sentimos felices. Nos despertamos con una oración: tal miedo nos da abrir los ojos. Otra vez lunes, y otra vez martes. No sabemos -¡de verdad no sabemos!- qué hacer de eso que el sol indica que es un nuevo día.

agosto 04, 2008

Andar con alguien

Yo no ando con nadie, y es por decisión propia.

Me he topado gente que se ha sentido defraudada por esta afirmación. Otros se han enojado. Otros no me han creído, se ríen y dicen que en cuanto llego a mi cuarto y me encuentro solo empieza el rechinadero de dientes.

Lo que pasa es que no saben lo que me ha costado llegar a este punto. Alcanzar esta serenidad. Reconocerla. Re-imaginarla, concebirla. Sí, cuesta mucho después de una ruptura distinguir la necesidad de ponerse uno de su propio lado, no en contra. Yo no voy a recapitular aquí todo lo que cuesta poder decir lo que estoy diciendo, pero sé que hay gente que me entiende perfectamente.

No es en menosprecio de los que se acercan y se dicen aptos para iniciar algo con uno. Tampoco digo que nunca más me apetecerá compartir una idea de vida común. Por el momento no veo la necesidad de hacer nada en conjunto con nadie y eso me parece bueno: he dejado de pensar que debo estar con alguien y simplemente es una hermosa posibilidad más en la vida.

No saben qué alivio me produce.


julio 26, 2008

El mercado

Qué alegría da ir al mercado. Comprar una bolsita de chía para el agua de limón. Unos rollitos de guayaba después de probar la nueva cocada con piña que acaban de sacar. Estrujar un tamarindo fresco, meter la mano en el contenedor del frijol dos de mayo, quebrar un chicharroncito de harina todavía sin freír, como los que nos vendían en la cooperativa del kinder.

Me compro una bolsa del mandado color verde, que yo quisiera llevar a todas partes para seguir cargando tesoros. Auxi se enamora de las piñatas y yo me pongo del lado del vendedor para convencerla de probar los pellizquitos con chile, los dulces de leche, los camotes, el ate de tejocote y el de membrillo.

Por mí, me iría ahora mismo a cocinar. A moler chiles con una licuadora Osterizer de una sola velocidad. A quitarle la pielecita a los tomates verdes que se pegan en los dedos. A asar jitomates, a pelar dientes de ajo y enjuagar un manojo gordo de cilantro bajo un chorro de agua fresca mientras oigo la Hora de la Secretaria en Radio Variedades.

Gracias por leerme, pero ya que andas en eso, escríbeme tu comentario...

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