abril 23, 2009

¿Porqué no he escrito?

Me escribe mi amiga Vero Castro (homónima de la famosa cantante pero no menos brillante y mucho más sofisticada) de la Piedad, Michoacán, para reclamarme dulcemente que ya no escriba... Así fue como me enteré de que ella leía mi blog y que mis notas perdidas le eran importantes. Además de ella ¿cuanta gente pasa por este lugar y se enfadará de ver que no he pasado de mi nota sobre el capitalismo...? A mi me sucede con otros blogs.

¡Pero ustedes tampoco escriben!

Sean generosos, compartan algo de lo que viven y que este blog de vez en cuando les despierta.

abril 22, 2009

Volverán las oscuras golondrinas

Me mudé a Canadá con la idea de un aislamiento que me obligara a escribir. Pero como pasa siempre entre la realidad y la idea, una tercera opción se instala que no es ni lo que se imagina uno ni lo que el curso de los acontecimientos parecía que daría. En palabras de Edgar Morin, padre del pensamiento complejo, "la idea puede imponerse a lo real, pero lo real no se conformará por ello a la idea". Los hijos de lo real y la idea "no se parecen a ninguno de los progenitores". En resumen, aislarse no es sinónimo de que uno va a escribir como escribir tampoco es una cosa que sé dé siempre a razón de las mismas motivaciones.

Sólo me parece que escribir está relacionado con la ausencia. No se puede escribir sobre lo que se tiene delante, creo. Es decir, se escribe con la vista puesta hacia el pasado, lo que ya no es. Por eso dicen que para escribir hace falta vivir. Quizá más por eso, y menos porque la convivencia familiar fuera invasiva (demasiado celoso de mi encierro, no me importa lanzar mordidas cuando alguien quiere acotarlo) como inventé para salir del paso, me vine a Canadá. Por inaugurar un periodo nuevo, lleno de posibilidades de cambio, pero también para poder ver lo que permanece de lo que se deja. Lo que permanece dentro de uno y que luego querrá poner en la escritura.

Llevo una semana en Canadá. Los cerezos no saben si retoñar o no porque un día hace 18 grados y al otro día 7. También aquí digo que me quiero quedar. Y también sé que me iré, lo cual le da a cada calle una perspectiva diferente a la que tiene la gente que dice que está aburrida de la monotonía canadiense. Pienso: ¿cuántas de esas frases que imaginan que siempre debe haber diversión no provienen de la publicidad?. ¿En el fondo que es lo que realmente queremos? ¿Irnos? ¿quedarnos? ¿Volver, como las oscuras golondrinas de Bécquer?

febrero 22, 2009

Señales apocalípticas: el capitalismo poniendo la gente a descansar


Ni cómo negarlo: en México estamos sumidos en varis crisis. Una de ellas es la económica, y más precisamente la del empleo. Aunque para algunos sigue siendo un rumor infundado (por todas partes se sigue viendo a la gente gastar como si no pasara nada), para otros ya es una realidad que no se puede disfrazar con más entregas de oscares ni fechorías de la Lucerito en la telenovela de la noche.

Los despidos nos rodean. Las historias que se cuentan en la sobremesa son cada vez más cercanas y despiadadas. En ellas, la lógica del capitalismo no deja de mostrar sus dientes afiladísimos. La gente que ya estaba enganchada del cuello por la cuestión económica resulta la primera en perder su empleo. Los que menos protecciones tenían y más horas de su vida sacrificaban para que la rueda marchara, se quedaron botados y la carcacha quiere seguir su camino sin ellos.

De enero para acá muchos ya se fueron a su casa royendo la pregunta sin fondo de qué van a hacer sin sus 700 pesos a la semana para pagar las deudas que con despreocupación habitual mexicana contraían cada mes, más la renta, más las escuelas, los camiones y, claro está, la comida diaria...

En cambio, los de cargos más arriba esperan en sus casas porque los pusieron a descansar a fuerzas. Prefiero esto a que me despidan, dicen con gesto de gusto pero con el estómago contraído, porque tampoco saben lo que va a pasar. ¿Y si la medida precautoria no basta? ¿Quiénes serán los siguientes despedidos? Todos los rumores parecen creíbles y también hacen su parte acabando con la paz de la gente, aunque estén reposando en sus casas.

Marx en su tumba debe estarse muriendo de risa, que el capitalismo mande a sus fuerzas productivas a descansar es tanto como que el socialismo idee monopolios para hacer posible la acumulación de capitales. Y ambas cosas ya las estamos viendo. ¡Se acerca el fin del mundo! diría mi tía Conchita.


(*) Imagen de Rafael Magallanes Quintanar.


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